Inseguridad y valores
La inseguridad se empodera, desde lo más grave hasta cosas que parecen chuscas pero que resultan indeseables, primero el caos en el estadio del equipo Santos de Torreón, el atraco en el centro comercial de Morelia, las tipas ebrias que humillaron a un policía inepto. Es un cuadro sui generis pero penoso que exhibe impunidad, ausencia de responsabilidad y carencia de escrúpulos.La inseguridad hace mucho dejo de ser el fantasma que recorre México para volverse realidad tangible, pesada, los estragos los vemos y escuchamos diariamente porque no parecen tener fin.Entonces qué ocurre que los diseños institucionales para frenar la marejada delictiva no han sido suficientes, las estadísticas crecen que ya parece que es parte inherente a un tipo de “normalidad”, con ello la capacidad de asombro e indignación queda amenazada como muchos mexicanos que viven bajo estrés ante los crecientes índices delictivos.No hay recetas mágicas, no se trata de inventar lo que sea, pero lo cierto es que se combaten consecuencias, las causas son ignoradas reiteradamente. Los esquemas reactivos no siempre han sido eficaces, después de que ocurre una tragedia se toman las precauciones pero nunca hubo previsión, anticipación ante emergencias.Se habla de nuevos protocolos, otra metodología o nuevos programas. Me pregunto dónde queda el desempleo fulminante que orilla a muchos a enlistarse en las filas de algún cártel, a volverse carterista, extorsionador o algún bicho de esa índole.El asunto está en la educación, invertir en ella siempre será rentable desde cualquier óptica. Invertir en infraestructura es otra vía que llevará a mejor destino. No se trata de descubrir el hilo negro porque no es más que la aplicación de un sentido común que hace rato se extravió.Se justifica el endurecimiento de algunas penas en las leyes vigentes, pero no resolverá la inseguridad solo esas expresiones del marco legal, agregue que el ejército monumental de Ninis deambula por todas partes, sin estudio, oficio o beneficio como potenciales delincuentes.Y no se trata de enjaretarle a los gobiernos la educación de nuestros hijos como soslayo a un deber ser propuesto por los valores, pero sí cuenta qué hacemos en el seno familiar.Dijo el eminente Freud que la niñez es el prototipo de la futura personalidad en el adulto, el génesis es clave para diseñar qué personas poblarán este universo posteriormente. La violencia se percibe y padece cotidianamente, muchos infantes desearían ser hampones, algunas jóvenes dicen esperar casarse con un narco. Sin duda que las esperanzas no son halagadoras.De ahí porque es conveniente que todos asumamos nuestra responsabilidad, aunque en el caso de perseguir delitos y delincuentes es una tarea del estado que detenta el monopolio de la violencia legal, como lo estimó Max Weber.