?Pobreza y hambre?
Celaya, Guanajuato, 19 de enero del 2013Escribe Joel Ortega en Milenio: “Se afirma en el Informe del Coneval que las causas o determinantes de la pobreza son la falta de empleos y salarios bajos, además del aumento en los precios de los alimentos y los insuficientes servicios, en cobertura y calidad de salud y educación.” No lo comparto.¡No!, no es que sea un sabelotodo o que tenga más información que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sino que, convencido como estoy de que el modelo Neoliberal, además de inhumano es disfuncional, mi perspectiva es otra, te comparto: 1.- ¿Qué necesito para vivir con dignidad? ¡No!, la respuesta no es obvia, porque puedo afirmar que no es el dinero y lo explico, para vivir con dignidad necesito de forma esencial una alimentación sana y suficiente y agua potable. El alimento lo puedo (lo debo) producir, lo que puedo hacer sembrando, pescando, cuidando gallinas o pastoreando ganado (lo que me daría leche, mantequilla y queso) ; para lo que no necesito ni de un empleo, ni de un salario. Lo que no produzca yo, lo puedo intercambiar con mis vecinos (trueque); por lo que el precio de los alimentos no me afecta. 2.- Si tengo alimentación sana y agua potable, mis necesidades de servicios de salud serán mínimos, además de que puedo rescatar mucha de la sabiduría respecto a la herbolaria que nuestros antepasados usaban para curarse, es decir, puedo producir mis medicinas sin costo y así no depender más que de cosas mayores en servicios de salud. Los deficientes servicios de salud no serían entonces parámetro para medir la pobreza. 3.- Para educar no necesito de una gran estructura de gobierno, lo que necesito es que, en cada pueblo y comunidad, se convierta a los adultos en los propios maestros de los niños y jóvenes, y poner a la disposición de las comunidades o desde las comunidades, clases para leer y escribir, y una biblioteca con libros que nos sean de utilidad para explotar y usufructuar en forma sustentable lo que mi región produce; es decir, volverme experto en el aprovechamiento de los recursos naturales de mi entorno a través de leer y de la enseñanza vivencial con los adultos y así compartir generosamente el aprendizaje derivado de experiencias individuales, mediante la búsqueda de técnicas y soluciones a través del modelo de prueba y error. Con este modelo, más que aulas y maestros, lo que nutriría y daría conocimiento a los jóvenes sería la enseñanza práctica y la convivencia con sus padres, familiares, amigos y vecinos; es decir la vida comunitaria;… lo que en automático nos permitiría construir una sociedad sana en donde el eje no sería la depredación, ni el dinero, ni el trabajo subordinado, ni el consumo, ni habría inseguridad o hambre; sino que el eje sería el bien general en un entorno de projimidad corresponsable y amorosa… Esto, en forma complementaria, podría enriquecer los gobiernos municipales con una estructura de participación social igual o parecida a la de nuestros antepasados indígenas, rescatando o renovando la figura del Tata y de los Consejos de Ancianos o comunitarios.Escribió J. Jesús Rangel en diciembre pasado: “…El Parlamento Latinoamericano (Parlatino) aprobó una Ley Marco de Seguridad y Soberanía Alimentaria que reconoce el derecho humano a la alimentación. México es integrante del Parlatino, al igual que otros 22 países, y por consecuencia tendrá que adecuar las leyes existentes o proponer una nueva para alinearse a este primer marco legislativo que reconoce ese derecho desde una esfera supranacional.”… Hoy comunica la SEDESOL el inicio de: “La Cruzada Nacional Contra el Hambre” ¡Bien por ello!, pero, ¿cuál es el objetivo?: ¿Acabar con el hambre con programas de comedores o dando alimentos en forma asistencial? Esto al corto plazo es un paliativo, pero no una solución. Qué tal si en lugar de poner como objetivo: “Acabar con el hambre”, ponemos: “El recuperar la dignidad de las personas (de los mexicanos) a través del trabajo organizado, transitando a los ciudadanos, pueblos y comunidades, del sector asistencial al sector productivo”… Si lo hacemos así, no solo combatimos el hambre, sino de pasada construimos ciudadanía, rescatamos regiones y las incorporamos a la producción en un entorno en donde se privilegie a la persona sobre las cosas, y la dignidad humana sobre el tener, y las relaciones de solidaridad y comunitarias sobre la ganancia,… y así construimos sociedad como estrategia de seguridad y de reconstrucción social. Lo que daría como resultante una unidad nacional que nos organice alrededor de objetivos comunes que, teniendo como eje el derecho de los ciudadanos a vivir bien y a ser felices, nos den como efecto una identidad que nos permita trabajar juntos a la ciudadanía con sus gobiernos, y así enfrentar las pandemias y problemas que genera la globalización y el tener que convivir con naciones cuyos intereses giran alrededor de sojuzgamiento y el control de otros estados nacionales, para nutrir sus sistemas sociales y económicos.Santiago Heyser BeltránEscritor y soñador