?Las lecciones del Maestro?
Uruapan, Michoacán, 30 de marzo del 2013Un maestro me enseñó que quién vive bien, está listo para la muerte.-¿Si supieras que mañana vas a morir, qué harías hoy?, así inició su clase Jorge, El Maestro que marcó mi vida… -Yo abrazaría a mi padres, comentó un compañero… -Yo le hablaría a todos mis seres queridos, replicó otro… -Yo arreglaría los papeles, testamento, escrituras, etc., dijo uno más… El Maestro interrumpió el diálogo y ¡Exclamó! -¡Pues háganlo ya!,… porque la verdad, ninguno de Uds., nadie, tiene garantía de que va a vivir mañana.Esto viene a colación porque en estos días Santos, de reflexión y convivencia familiar, se dieron todo tipo de pláticas y salieron a relucir historias personales que exhiben el que muchos de nosotros no estamos viviendo bien, y que si muriéramos mañana, lo haríamos con angustia, porque estaríamos dejando muchos asuntos inconclusos o la frustración de haber vivido mal… La conclusión sería: hagamos cada día lo que tenemos que hacer de manera tal que si mañana morimos, lo hagamos tranquilos, sabiendo que todo está en orden y que lo que queríamos decir, vivir o hacer, lo dijimos, lo vivimos y lo hicimos.Y como una cosa lleva a la otra, el recordar al maestro y su lección de cómo vivir, vino a mi memoria otra lección, en donde El Maestro decía: “Cuando una prostituta está con un cliente y disfruta de su sexualidad, es una mujer… Cuando una esposa, comparte intimidad con su marido y no disfruta, es una prostituta. Con ello quería enfatizar que la calidad de la persona, del evento o de la pareja, no está en el contrato matrimonial, sino en la calidad, humanidad y espontaneidad del hecho… En otras palabras, la calidad personal o de una relación, no está en el contrato, el contrato es paja, la calidad está en la propia relación. Obvio, cuando comenté esta lección brincaron las féminas de la familia para defender su estatus, bajo la premisa de que el contrato matrimonial purifica todo… Se entiende, en la búsqueda del camino del menor esfuerzo, las personas ven con comodidad que sus miserias, egoísmos, celos, falta de amor, falta de solidaridad y hasta sus limitaciones personales, queden “lavadas” con un contrato civil, para así no requerir del esfuerzo que implica construir diariamente, como el albañil que coloca ladrillo por ladrillo, una relación de calidad que requiere como premisa del respeto total a la persona amada… Y es que en nuestra cultura hemos creado una perversión, la expectativa idiota de que para que una persona muestre su amor a la otra, debe ser, actuar, pensar y sentir como lo desea o espera la pareja. En otras palabras, si no eres como yo deseo, es que no me amas o que estás mal.Como es obvio que esto no funciona porque cada uno somos lo que somos, por lo que consecuentemente, el destino de la “mayoría” de las relaciones humanas y de pareja es la confrontación y en un extremo, la separación o divorcio.Sí, escribí conscientemente la definición: “relaciones humanas”, porque lo expresado por El Maestro aplica lo mismo a relaciones de pareja que a relaciones padre/hijo o a relaciones entre amigos. Un padre o madre que no entiende o respeta la individualidad de su hijo, va a provocar resentimientos, separación y desamor, porque el amor se finca en el respeto total, entendiendo el respeto como la aceptación de la persona amada. Y lo mismo que aplica a la relación padre/hijo, aplica a la relación de pareja. Para amar a nuestra pareja y ojo, no estoy hablando de enamoramiento ni de atracción sexual o social, la aceptación total es premisa… ¿Y si mi marido toma?, preguntó una. – Ámalo borracho, le contesté. – ¿Y si mi marido es mujeriego?, preguntó otra. – Ámalo promiscuo. - ¿Y si mi mujer es gritona e insoportable?, expreso un marido para compensar los reclamos femeninos. –Ámala gritona, respondí… - ¿Y si no lo puedo amar así, porque no estoy dispuesta a vivir con sus infidelidades?... – Entonces sepárate respetuosamente, porque al no aceptarlo la conclusión es que no lo amas como es ¿Y si no lo amas? ¿Qué haces compartiendo tu tiempo, tu vida y tu intimidad con esa persona?... Silencio fue lo que siguió, porque atrás de la frustración, la molestia o el desengaño, está el interés económico o la cobardía social que impide a las personas, por el: ¿Qué dirán?, o por las “ventajas” económicas, familiares y sociales, el tomar la decisión de separarse respetuosamente... Ante esta disyuntiva, la mayoría prefiere u opta, por la confrontación y el eterno pleito por querer hacer cambiar a la pareja, bajo la premisa de que el (ella) está mal y que yo estoy bien y en lo correcto… El Maestro diría, es tu vida, es tu tiempo, es tu derecho y opción el echarlo a perder y el vivir una triste y desagraciada vida para al final decir, me equivoqué. Como es decisión de tu pareja el decidir aguantarte y en el camino echar a perder su propia vida… La pregunta sería si: ¿Viviendo de esa manera estrás listo, satisfecho y tranquilo el día que te toque morir?... ¡Así de sencillo!Santiago Heyser BeltránEscritor y soñador