?El arte de gobernar VII?
El mayor daño que nos impone la democracia, es que el gobernante propuesto por un partido, no necesariamente ama a su pueblo...En El arte de gobernar I, escribí: Antes a los gobiernos se les medía de una manera sencilla: el pueblo amaba o no a su gobernante...No tengo duda, si Leonel Godoy y Amalia García (PRD, Michoacán y Zacatecas), Juan Manuel Oliva (PAN, Guanajuato), Humberto Moreira y Andrés Granier (PRI, Coahuila y Tabasco), y Juan Sabines (Indefinido, Chiapas) hubieran amado a sus gobernados, sus administraciones hubieran sido honestas, eficaces y las finanzas de sus estados no estarían en problemas. En otras palabras, para tener un buen gobierno, el gobernante debe amar a su pueblo, lo que en reciprocidad y de forma natural llevará al pueblo a amar a su gobernante… No es lo que vivimos.No imagino un mal gobernante, deshonesto o incapaz, si ama a su pueblo. No imagino la burocracia heredada por el PAN y de igual manera no tendríamos la dependencia de los gringos que hoy tenemos, si Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón hubieran amado a los mexicanos… Como no imagino la crisis de seguridad que vivimos, si cada gobernante federal, estatal o municipal hubiera amado a su pueblo.El problema es que con la partidocracia mexicana y la democracia internacional, casi siempre simulada, los gobernantes que resultan se comprometen con partidos, amigos, mecenas electorales y con grupos de poder, la mayor parte de las veces con intereses particulares ajenos al interés público y al bien común de los ciudadanos a los que prometen servir.La historia nos ha presentado diferentes tipos de organización y gobierno para las sociedades humanas; así han existido reyes, emperadores, patriarcas, dictadores (curiosamente buenos y malos), gobernadores, caudillos, zares, jefes de gobierno, faraones y hasta papas que han gobernado en diferentes lugares, naciones y épocas… Hasta que en tiempos actuales, se ha generalizado, derivado de las llamadas democracias, el título de Presidente, que le es otorgado a quien recibe el mandato de gobernar a través de una elección (supuestamente justa y limpia, lo que no es así ni en USA, ni en la mayoría de las naciones -incluido México-, donde de forma natural, quienes tienen el poder, sean iniciativa privada, partidos, grupos o gobierno, influyen y tratan de cargar los dados electorales a su favor)… El punto es que al margen del título o tipo de gobierno, la historia de cada país, nación, Estado o república se ha caracterizado por tener buenos y malos gobernantes, ello derivado del tipo de gobierno, de las características del gobernante en turno y de las circunstancias… Lo que sí ha sido una constante, es quienes han sido buenos gobernantes, tienen tres características; ser honestos, amar a su pueblo y ser nacionalistas (luchar por los intereses de su nación, república, país o Estado); y aquí es donde la puerca tuerce el rabo con las democracias, ya que el gobernante elegido en una democracia, llega apoyado por intereses particulares (incluidos intereses extranjeros) y enfrentado opositores, es decir, se confronta ideológica y electoralmente con sus pares, a quienes llega a definir como “enemigos políticos”; es así como vemos perversión a favor o en contra de militantes (ciudadanos) de determinado color en la aplicación de programas públicos o estancamiento en los congresos para perjudicar a quién, siendo de diferente partido, gobierna. Es decir, por definición, la democracia confronta a la ciudadanía, la polariza y lleva a puestos de gobierno a ciudadanos que están en contra de las mayorías, lo que conduce como resultado a que quienes surgen como gobernantes democráticos, están al servicio y con compromisos con una minoría o como en el caso de México, con compromisos adicionales relacionados con intereses extranjeros. No es de llamar la atención, entonces, ver un proceso de nacionalización de bancos mexicanos, que luego van a parar a manos de extranjeros. O darnos cuenta que un “payaso” como Marcelo Ebrard, entrega un pedazo de la ciudad de México para que se honre a un dictador extranjero, cuyo gobierno le dio dinero del que todavía no se conocen detalles ni de montos ni del destino.Ante esta realidad y la lejana probabilidad de que: con el modelo democrático que tenemos (partidocracia), tengamos gobernantes que amen al pueblo que gobiernan. Los mexicanos tenemos de tres sopas: una, incluir en el análisis de candidatos a puestos de gobierno, su probado amor por México,… antes de votar. Dos, cruzar los dedos para que quienes nos gobiernen antepongan los intereses nacionales, a los intereses de grupo, partido o pandilla. Y tres, aguantarnos, en tanto modificamos las reglas y podemos influir los ciudadanos para que los partidos políticos pongan como candidatos a verdaderos mexicanos, para así aspirar a tener a un estadista, que no es AMLO, que viendo por México y amando a su pueblo, gobierne en función del interés de los mexicanos… ¡Así de sencillo!Santiago Heyser BeltránEscritor y soñador