?El arte de gobernar I?
Antes a los gobiernos se les medía de una manera sencilla: el pueblo amaba o no a su gobernante...Este amor del pueblo, se lo ganaban reyes y emperadores gobernando bien; lo que en lenguaje llano quería decir que a través de actos de gobierno, procuraban el bienestar y el progreso de sus naciones; es decir, no gobernaban para sacar provecho ellos, sus familias, sus cuates o compadres, las élites empresariales o sus compañeros de partido, tampoco gobernaban en función de intereses o compromisos adquiridos con gobiernos extranjeros (de hecho era exactamente lo contrario), sino que gobernaban para el beneficio de su pueblo.Lo sé, hubo malos gobiernos que recibieron el rechazo de sus pueblos; quizás el más sonado y semilla de la revolución francesa, el de Luis XVI y su esposa María Antonieta, célebres por gastar en forma inmoral mientras el pueblo pasaba hambre.Hoy la respuesta que en mi opinión deberían buscar quienes gobiernan, es: ¿Se puede, con un gobierno de corto tiempo producto de las democracias, gobernar para beneficio del pueblo; o los compromisos que se adquieren en la búsqueda de poder, los que se heredan de administraciones anteriores, los que emanan de los apoyos electorales, los que se dan culturalmente como válidos, como la repartición de plazas a amigos y correligionarios y los que emanan de las propias limitaciones del gobernante, que tiene que buscar apoyos de grupos, organizaciones y sectores, impiden que se pueda gobernar en función del bien común con un enfoque nacionalista?… La realidad me dice que no, que las presiones y limitaciones que tienen quienes gobiernan por poco tiempo (tres, cuatro o seis años), dentro de regímenes democráticos, atrapados dentro de un modelo socio-económico globalizado, como lo es el Neoliberal, simplemente no pueden gobernar para beneficio del pueblo al que juran servir.¡No!, no soy pesimista, simplemente observo como los gobiernos de México (y del mundo), con todo y alternancia “democrática”, no han servido para mejorar las condiciones de vida del pueblo; más bien, han servido para que grupos, amigos y poderes “fácticos”, nacionales y extranjeros (narcos incluidos), saquen ventaja y engrosen sus cuentas bancarias, mientras la nación se pauperiza y la población sufre… Pero no me rindo ante esta realidad; terco como soy y soñador al grado de sonar a iluso, me niego a aceptar que este destino sea fatal; estoy convencido de que en el momento que tengamos gobernantes humanistas, formados en la doctrina social de la Iglesia Católica, que asuman con responsabilidad histórica el compromiso que representa gobernar; aún con el entorno y las limitaciones planteadas, sabrán dar rumbo a las acciones de gobierno para que estas sean en beneficio del pueblo… ¿Qué estoy loco?, es posible ¿Que soy un soñador que raya en la estupidez?, también es posible ¿Que lo que planteo es imposible, por las fuerzas e intereses en juego? ¡Mentira!... Hoy, como en el pasado y como en el futuro, el ser humano es dueño de su destino y responsable de su realidad, esa es mi convicción y mi fe en la humanidad, y sustentado en ella, estoy convencido de que un gobernante generoso, de carácter y comprometido, puede, si no cambiar las cosas de un día para otro, si dar un nuevo rumbo desde su gestión para marcar el camino de un futuro justo y con equidad… Ese gobernante, sin duda sería amado por su pueblo.Y ahora la pregunta del millón: ¿Que visión debería tener ese supuesto gobernante, honesto, humanista, generoso, capaz y comprometido? Desde mi punto de vista una muy sencilla; ante cada problema o decisión a tomar, deberá preguntarse, con conocimiento y sinceridad: ¿Esto es lo mejor para mi pueblo?, reconociendo como pueblo a las mayorías sin dejar de respetar a las minorías, si la respuesta es ¡No!, pues a buscar otro camino, si la respuesta es ¡Sí!, pues a pasar a la acción y así, con esta forma de filtrar acciones y decisiones, poco a poco se construiría una nueva forma de gobernar que tendría como resultado la solución de los problemas sociales y el desarrollo mediante lo que llamamos gobernanza, cito a Manuel Gómez Granados: “La gobernanza implica no sólo la acción eficaz del gobierno, sino también la participación activa y coordinada de actores económicos y sociales.”Con esto en mente, una premisa es necesaria; reconocer con claridad quién es el pueblo, lo que guiaría los dos primeros pasos de un gobernante de excelencia: El primero, garantizar la alimentación sana mediante el acceso a un trabajo digno (ojo, no a ser empleado). El segundo, educar para formar ciudadanos libres, seres pensantes (no para ser empleados al servicio de un tercero, moderna forma de esclavitud), con iniciativa, críticos, creativos, innovadores, felices, trabajadores y participativos… Esto, esto será el tema de nuestra próxima colaboración, por hoy se acabó el espacio.Santiago Heyser BeltránEscritor y soñador