Un futuro maravilloso, en los discursos!
Los hombres no somos máquinas ni animales irracionales. No se nos puede mover como piezas de ajedrez ni programar como aparatos de control remoto o por computadora.El futuro feliz y digno de la Nación Mexicana se construye con hombres. El hombre es más que cálculo y mercadotecnia, es inteligencia y voluntad libre, afecto y emoción. Más allá de los procesos biológicos y sociales, el hombre se mueve libre e inteligentemente por valores universales. Un valor fundamental es la verdad, conformidad de la mente con la realidad y los valores. Este valor no se da sin los otros valores. Detrás de la verdad resaltamos la humildad que es la aceptación objetiva de la condición humana limitada.No podemos pasar por alto la verdad de la Nación mexicana. En otras palabras, tenemos que saber a dónde vamos, cual es nuestro destino como sociedad. Debemos preguntarnos cuál es el modelo de nación que orienta los planes del gobierno. Ser ciudadano de a pie no quiere ser ignorante e indolente o niño que se chupa el dedo. Debemos tener clara cuál es la verdad del gobernante que no es reyezuelo anticuado. Está ahí, no para ser servido sino para servir, como afirma el Maestro de maestros. No está ahí para satisfacer sus ansias narcisistas o su ambición de poder y de dinero. Su valor es el trabajo callado y humilde. En el Canto del Servidor de Isaías afirma el Señor Dios: “he aquí mi servidor que yo sostengo… no grita, no eleva el tono, no hace oír su voz en las tribunas… no rompe la caña resquebrajada, no apaga la mecha que apaga la mecha que aún humea… no cejará hasta que establezca el derecho sobre la tierra”. Los servidores públicos tienen modelos verdaderamente valiosos en nuestra historia. Así Morelos que nunca aceptó nombres pomposos como generalísimo o Señor Presidente, sino que prefería simple y llanamente llamarse el Siervo de la Nación, inspirado en el autor citado. Con estas referencias hemos de ubicarnos en el momento actual en que se estrena un gobierno que marca el retorno de un partido al poder nacional.Hay aciertos, ya algunos comunicadores y conductores de noticieros repiten hasta la saciedad.Se nos presenta un país sólo de logros, en que se borran todos los males, de niveles soñados, nunca antes vistos. Es muy bello y emocionante, sólo que no debemos olvidar que ese país sólo existe en el discurso que si no es conforme a la situación que vivimos, es falaz. Este lenguaje, como toda realidad del hombre, es imperfecto, tiene luces y sombras. Los especialistas del idioma y de la lógica lo encuentran parcial, en el sentido objetivo y moral del término, solo atiende a un aspecto de la realidad. Es un lenguaje inflado, exalta al máximo lo que hacen sólo por cumplir su deber. Es un lenguaje publicitario, hacen spots de todas sus acciones, lenguaje electorero, ya se habla de las elecciones intermedias y de la de 2018. Hubo un presidente, trabajaba y tenía resultados y su lenguaje era modesto, objetivo, tal vez por eso su partido perdió las elecciones.Los dirigentes actuales ignoran las realizaciones pasadas. Un caso es la presencia de altura que tenía Felipe Calderón ante las naciones. En el país no se vio y ahora se ignora por algunos que quieren ser ciegos. No han querido ver la ovación de pie en el Congreso de Estados Unidos, los reconocimientos internacionales, las propuestas que tenían peso en el concierto de las naciones. Otro ejemplo, se constata la solidez de las finanzas de México pero se evita con cuidado nombrar al gobierno anterior. La situación de las finanzas no es obra del gobierno actual. Ignoran a los que no son del grupo, a los de enfrente, en el pasado y en el presente. Esta visión hace imposible una actitud incluyente, real.Por otro defecto de su discurso triunfalista, parece que van a inventar el petróleo, todo lo van a hacer nuevo, ahora sí México tendrá lo que no tuvo nunca ni en dos sexenios de PAN ni en siete décadas de PRI. ¿Tienen en cuenta a la gran familia mexicana?¿qué canales proponen de educación democrática para unan participación ciudadana real y significativa? No pueden ignorar al Pueblo que es el principal constructor de su historia, es el soberano y el sujeto activo del progreso de México. Los gobernantes no son reyes sino servidores de los ciudadanos. Cuando alguien afirma en el mensaje de año comenzado “es tiempo de creer en México, es tiempo de creer en nosotros mismos”, qué significa “México” para ellos, quienes son “nosotros mismos”, ¿la clase dirigente o el conjunto de la nación?Se siente una enfermedad óptica para ver la realidad como es. Con dirigentes que son ciegos cuando les conviene, se nos escapará la realidad de las manos y nos quedaremos con la visión de los que están en el poder, en la realidad ficticia, como la realidad virtual de los adolescentes. No es forzosamente saludable para la nación.Se constata el retorno de un lenguaje ya conocido de un viejo partido, autosuficiente, pretendidamente perfecto, no necesita nada de los demás, de un grupo que llegó al poder para quedarse. Los psicólogos leerían entre líneas una actitud orgullosa y narcisista, apoyados por muchos comunicadores aduladores, que quieren asegurar su chamba, que sirven al poderoso y no a la causa de la verdad para el Bien Común de México. Tenemos materia de sobra para ponernos a pensar y formar nuestro criterio.