Resultados olímpicos, dolorosa pobreza
Me parece triste, gris, deplorable la actuación de los atletas olímpicos de México, salvo honrosas excepciones (el avance en futbol no debe ocultarnos la realidad). No se ponen en primer rango mundial, no luchan por la medalla de oro. ¿Debemos consolarnos viendo triunfar a otros? Nuestros atletas olímpicos son demasiado numerosos para las contadas medallas. No nos hacen saborear las mieles de la gloria, de la medalla de oro como otras delegaciones: Estados Unidos, Rusia, un país que pudiera parecer subdesarrollado, China. Se explica el hecho por el subdesarrollo del país en todas las esferas de la vida. Ya tenemos doscientos años de vida independiente y otros siglos de historia y no hemos crecido mucho, no salimos del atraso. Vemos triunfar a atletas de países pobres y en vías de desarrollo económico social: Jamaica, Kenia, Cuba. Triunfan países que luchan con la hambruna: Etiopía. Pareciera que el mexicano está lleno de complejos y juzga a las otras razas superiores, una forma de malinchismo. ¿Es el mexicano menos dotado naturalmente que los moradores de los demás países? ¿Son los demás pueblos superiores? Ciertamente estamos dañados, nuestra autoestima está muchísimas veces por los suelos? No creemos en nuestra propia grandeza y nos conformamos con ser segundones, con el “ya casi”, justificamos los cuartos y séptimos lugares. Es lamentable que los comunicadores lo hagan. Las raíces se manifiestan en el inconsciente colectivo. Llevamos la experiencia de la humillación de la derrota y del avasallamiento. Primero los pueblos indígenas con relación a los Aztecas, luego de todos con relación a los españoles. Es cierto que en Michoacán somos descendientes de un pueblo de vencedores, el purhépecha. Aunque fueron sometidos, humillados y torturados por los españoles sanguinarios. También llevamos muchas veces la experiencia de una niñez sumida en la miseria material e ignorancia que dejó herida por los tratos llenos de crueldad y de desprecio. Dejó un “yo” quebrantado, inseguro, envidioso. Decía un colaborador veracruzano: “es que llevamos el yo bien madreado”. Necesitamos cambiar esta historia. La solución está a nuestro alcance: hay que despertar nuestra grandeza. Abramos los ojos a una realidad luminosa: el pueblo mexicano es grande como todos los demás pueblos, los gringos, los alemanes, como los más “pintados” de la tierra. No somos menos que los demás, tampoco más, somos iguales en dignidad y grandeza. Salimos de las mismas manos del Creador, fuimos creados iguales. En muchos aspectos y cualidades superamos a los demás, hay disciplinan que se nos facilitan. Es lo que debemos aprovechar y cultivar. Cualidades enormes, ilimitadas son las del espíritu, el primer paso para triunfar es creer en la victoria. Ésta primero se concibe en el corazón y luego en el terreno de la competencia. Los resultados en la competencia olímpica son expresión de la situación del país que tiene mucho de desastroso. Andamos igual en transparencia, crecimiento económico, productividad, educación, a la cola de las naciones o casi. Michoacán va a la cola de la cola en muchos rubros. El rezago, la crisis, la corrupción se refleja en las lides deportivas. Contra hechos no hay argumentos: ¿Por ejemplo qué situación guarda entre nosotros, la educación en general, la educación física en particular? Aquí es donde aparecen los resultados de los vicios de los gobiernos, de una mala administración por perversidad o por limitación que ellos niegan. Los vicios se dan en la organización deportiva. Hay testimonio de favoritismos: se margina a los pobres, indefensos, se favorece a los familiares de los poderosos. Las estructuras del deporte muestran su torpeza e irresponsabilidad increíble, como el caso de aquellos dos clavadistas que se decidió unos días antes de que fuera la competencia en la olimpiada. La responsabilidad, que no la culpa, es de la gran familia mexicana, de todos. La realidad es que no hemos madurado como personas, hemos sido apáticos, conformistas. En algo nos influyó vivir en un país de inmensas riquezas y un clima benigno en muchas partes. Por lo mismo hay muchos perezosos y fiesteros, vividores entre nosotros. La actuación de la nuestra delegación olímpica es una expresión clara y lógica de la situación de la nación mexicana, ahí podemos contemplar la realidad de nuestra vida nacional. Hay que vencer nuestra “prócer apatía”. Hay que hacer renacer un México de vencedores y de campeones. Como seres espirituales, dotados de libertad, somos capaces de realizar lo nunca visto. Somos capaces de romper las rutinas, los fatalismos y de alcanzar las cumbres más altas únicas. El hombre sueña siempre con la gloria porque esta hecho a imagen y semejanza de Dios que habita en su gloria y lo invita al triunfo verdadero, definitivo. Con él podemos alcanzar lo imposible (como vencer a Brasil en futbol)[email protected]