¿Propuestas nuevas sin hombres nuevos?
Iniciamos un sexenio en la presidencia de la república, ¿Qué impacto real tienen los nuevos programas para la gente del común, realmente van al fondo de los problemas de las multitudes, de los pobres? ¿Los ciudadanos de lo más bajo, así los ven algunos de arriba, realmente se sienten tenidos en cuenta en sus íntimas aspiraciones e involucrados, encuentran una esperanza viva? Los cinco ejes de gobierno y las trece metas deben orientarse al hombre con verdad, realmente, a sus deseos más profundos a las necesidades de multitudes de pobres que son inmensa mayoría. En el discurso y en los hechos no deben limitarse a los militantes y votantes del partido. El presidente y su gabinete deben considerarse servidores públicos, y no reyezuelos o miembros de la clase alta privilegiada, que están ahí para satisfacer su ansia de poder, gloria y dinero. Están ahí para servir a los hermanos. Los servidores públicos deben tener siempre presente la dignidad altísima de las personas a las que deben servir como a reyes. Cada persona es un ser único, irrepetible, hijo de Dios y hermano de los hombres. Deben gobernar con ellos para movilizar todas sus capacidades y asociarlos en la construcción de la patria ideal que deseamos. No pueden tener de las personas una visión parcial, miope, superficial. Deben dirigir los propósitos y programas a la persona integral, al hombre considerado cuerpo y espíritu, ser trascendente, con una sed de felicidad eterna. No pueden preocuparse por resolver solamente los problemas de la dimensión animal del ser humano, descuidando las necesidades más específicamente humanas que le proporcionan los placeres y satisfacciones verdaderos. No se puede dirigir únicamente a la parte material del hombre, sujeta a las leyes de las ciencias exactas. El hombre no es sólo unidad de producción o de consumo. México es más que una maquinaria viviente, regida por cálculos sociales y por las leyes de la producción y del libre comercio. Uno se pregunta: ¿qué visión del hombre tiene el proyecto gubernamental de Peña Nieto, tiene una visión del hombre dentro del marco más amplio de una cosmovisión? ¿Cómo consecuencia lógica, qué proyecto de país tiene, más allá de la solución de problemas materiales y coyunturales: producción, seguridad, generación de riqueza? En la vida ciudadana, en la construcción de la historia del país, no todo es funcionamiento político y técnico, la realidad es compleja y más rica. En el gobierno se necesitan tecnócratas, pero los gobiernos conformados exclusivamente por tecnócratas sin pensadores, filósofos, humanistas, teólogos nos han llevado a fracasos como el error de diciembre de 1995, como botón de muestra. Nos han traído estancamiento en la búsqueda de una vida más digna, plenamente humana y tranquila. La persona humana, el ciudadano es el agente principal, central que va a realizar los programas para el cambio, en los tiempos nuevos. Es también el fin al que deben dirigirse. Para resolver los graves problemas nacionales hay que renovar al actor central, al hombre. Es la renovación que empieza por la dimensión espiritual del hombre, de su capacidad de pensar, decidir, ser libre, creativo. Sin la renovación moral e integral del hombre no llegarán los tiempos nuevos que tanto anhelamos y esperamos. Los resultados, si bien nos va, serán sólo parciales y nos dejarán en la insatisfacción del corazón. Urge, es primordial recuperar los valores morales, universales perdidos, los que nos hacen diferentes de las máquinas y de los animales, en el orden de la verdad, el bien moral, la belleza, teniendo como fundamento a Dios. ¿Qué importancia tienen, en los nuevos programas, la persona humana en su realidad integral, sus valores universales y sus principios inmutables? ¿No es más importante y prioritario renovar las personas para que puedan realizar los nuevos programas. Prius est esse quam operari” –afirmaban los viejos filósofos- es primero ser que actuar. Esperando hacer una lectura más profunda yo no veo en los programas la atención a la persona humana en toda su dignidad. El vacío es grave, tan grave hará imposible la solución a los problemas y la realización del bien común y la de la vida digna y de la realización integral del destino definitivo del hombre. Lo más que podemos esperar es mayor abundancia de producción y dinero. Seguiremos esperando una vida más mejor y el cumplimiento de los deseos más hondos del corazón humano. Seguiremos esperando la realización del bien integral del individuo y del Bien Común. Por lo pronto, desde nuestra dignidad humana altísima, nuestra tarea, con la que construimos el México que queremos es estar atentos, tratar de entender, señalar lo que hace falta, ser realistas ante las nuevas propuestas y tener claro dónde estamos y a dónde vamos. Debemos avanzar hacia la verdadera democracia en que el pueblo es el constructor de su destino porque tiene el poder, es realmente el soberano y el rey. Como tal, ejerce el poder es decir el servicio para la grandeza de la nación y la realización plena de su destino definitivo, de su felicidad y su gloria.