La fe en la victoria, tremendo impulso
¿Tú, quién deseas, que gane en el partido de Monarcas Morelia contra sus rivales en la liguilla?Un rodeo simple nos permitirá abordar el tema del triunfo. Estamos en el año de la fe, que es un tesoro que Dios regala y que se anida en las profundidades del ser, como una vida que nos eleva sobre nuestros límites de pobres criaturas humanas.Fue proclamado por Benedicto XVI, Pastor de la Iglesia de Cristo en todo el mundo, va del 11 de octubre al 24 de noviembre del año entrante. Hay grandes acontecimientos de fe cuyo recuerdo motiva esta celebración.En su concepto recto y sabio, la fe es una virtud que ennoblece al hombre y le da una calidad diferente, es una fuerza que lo impulsa a la victoria. Pablo de Tarso proclama: la victoria que vence al mundo es la fe.Esto se opone a la idea de fe que algunos le cuelgan a los fieles de Cristo. La rechazan porque la ven como una actitud de esclavos, de humillados, de seres inútiles, en contraste con el superhombre de Nietszche, que presenta una visión exaltada pero parcial de la condición humana.Dios no es un ser de esclavitud, sumisión, de muerte humillante sino de victoria. Si Cristo sufre la muerte ignominiosa de la cruz, que se aplicaba a los esclavos, a los extranjeros, es para llevar la condición humana más allá de sus límites y abrir el camino a la gloria.El recuerdo de esta fuerza viene al caso porque para las multitudes futboleras es el tiempo intenso de la liguilla. Para ganar cada partido y el campeonato, hay que tener fe en la victoria. La victoria se gana primero en el corazón. Se puede recurrir a un aliado, el Dios de las victorias, de la poderosa fuerza creadora, de las cumbres más altas. Hay quienes rezan por el triunfo y están en su derecho y, si tienen fe, lo alcanzarán.Esta fe despierta al ser humano de su mediocridad, inseguridad, flojera y desencadena una fuerza inusitada, dormida, desperdiciada inútilmente en el corazón humano.Hay victorias mayores de enorme trascendencia, que resuelven problemas vitales y hay victorias intrascendentes de juego y diversión. Hay que ganarlas todas.Hay victorias deseadas, soñadas por las multitudes aficionados a un deporte, del balompié, hay que ganarlas en la esfera de la diversión, eso cala hondamente en el alma confrontada a una situación difícil con muchas derrotas y fracasos.La experiencia del triunfo es muy sana. Nos llevará a ganar en frentes verdaderos, hay que obtener triunfos en el trabajo responsable, cualificado, de entrega, generosidad, creatividad, honestidad: en el campo de la educación, la productividad, competitividad, transparencia, en la realización de reformas puras y sin intereses facciosos, sirviendo a los intereses de las multitudes pobres.La afición de Monarcas Morelia debe hacer su parte, creer en la victoria, tener ideal de campeones, vencer el conformismo, la mediocridad, crear un aire de victoria. Debe mostrar seguridad, confianza. Esto se contagiará a los jugadores, al técnico, a los directivos.En la armonía del cosmos, en la relación misteriosa que une a los seres, comunicará a los jugadores, el ideal, la entrega generosa, al límite de las fuerzas. Así los protegerán contra los cálculos mezquinos de apatía y egoísmo, de pasión del dinero, de fama, sida del deporte. Los hará rendir en la cancha sin medias tasas. Jugarán como deportistas ejemplares, no como asalariados, al límite vertiginoso e increíble de la entrega. Como en la Champions League. Esto hace la diferencia y alcanza el campeonato.Si el rival tiene mucho dinero y jugadores caros, como en el caso de Santos, es un obstáculo para ellos, algo que los adormece y enajena. El partido se gana con la fe y la entrega, no con millones de pesos. La afición goza viendo jugar a los suyos como héroes, mostrando destreza y esfuerzo increíbles, más allá de lo rutinario.Para los partidos que disputará Monarcas Morelia, esperados por muchos con emoción y ansiedad, no vamos a ver qué, vamos a ganar y a subir escalones hacia el campeonato. Sólo la gloria final colma plenamente el vacío del corazón. Porque hay otras cumbres más grandiosas, más difíciles, de vital importancia que esperan.El creador sabio y bueno hizo al hombre para la victoria, para gloria, debe preservarse del mal y entregarse con todo el corazón y mente a su tarea. Así vivirá con alegría y alcanzará metas muy altas, que parecían imposibles.