Falta fraternidad, Benedicto XVI
¿Cómo parar tantas acciones de gente inepta o perversa que nos traen tantas miserias? ¿Cómo salir de esta ola de inmoralidad que se manifiesta en violencia, falsedad, inestabilidad y miedo? Benedicto XVI, admirable por su cultura, sabiduría, escritos geniales, tiene respuestas integrales desde su cosmovisión fundada en la Revelación de Dios, en su sabiduría infinita y eterna. El Padre Dios nos ama tiernamente, quiere que los hombres seamos hermanos, por eso Cristo se entregó a la muerte. Debemos amar a los demás, darles lo mejor de nosotros mismos para que sean muy felices. Hemos escuchado que voces, encumbradas o no, que claman que urge la renovación moral, integral en México, urge la conversión a la que invita el Maestro de maestros, Jesucristo. Urge vivir la fe y los principios que guían la vida humana, tomar en serio la cuaresma, llevarla a la práctica para renovarnos, crecer y avanzar a un destino grandioso construyendo un Estado bello, rico, de vida digna. De lo contrario, somos llevados en la ola de inmundicia moral, corrupción e injusticia. La conducta inmoral, deplorable, miserable de El Coqueto se presenta como un prototipo social, un modelo que atrae a muchos imperceptiblemente. No sólo el Coqueto comete acciones vergonzosas. Ministros de la Suprema Corte de Justicia quieren liberar a los secuestradores por trámites de administración de justicia olvidando los crímenes cometidos. Por la misma razón, suceden y se repiten conductas absurdas como la administración totalmente fracasada e irresponsable de los recursos de nuestro rico Estado y de nuestro dinero. Quedan consecuencias demasiado pesadas para los pobres: una deuda inimaginable, que no contrajimos y tenemos que pagar. Dense cuenta: hipotecar los recursos de la Federación para tener dinero prestado que no se gastó en beneficio de nosotros, no aparece por ningún lado. Esto lo vamos a sentir en la pobreza, que no afectará ciertamente a quienes no supieron administrar. Lo vamos a resentir, por ejemplo, en la prestación de servicios gubernamentales ya harto insuficientes. Un caso patético, doloroso es el sector salud, los hospitales son centros que concentran el dolor, la angustia de multitudes que aguardan tiradas en los corredores y salas de espera, por la miseria y la lentitud de servicios. Y no es porque los responsables no los quieren dar, es porque los recursos se gastan en sueldos injustos que se dan los servidores públicos o desaparecieron en manos criminales. Incontables hermanos se quedaron sin el seguro popular. Más grave que la falta de recursos económicos en el Estado es la falta de valores morales, tiene repercusiones más graves y perversas en los males que sufrimos, en la miseria de bienes materiales. Nuestra civilización, para tomar la expresión de Saint Exupéry en La Ciudadela, está construida sobre el vacío, los edificios se derrumban porque se levantan sin cimientos. Se ven la parte de la tecnología pero faltan las bases religiosas y filosóficas. Por eso, Benedicto XVI, el vicario de Cristo, maestro de los creyentes, señala con notable clarividencia un vacío fundamental. En el mensaje de cuaresma de este año, con su estilo hondo y transparente, afirma: “El mundo está enfermo. Su mal está menos en la administración desastrosa e irresponsable de recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”. Cita la Encíclica Populorum Progressio (El Progreso de los Pueblos) de Pablo VI. La atención al otro –continúa el Papa, conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal…” De eso tenemos incontables experiencias que nos hieren profundamente en lo moral y lo corporal. “El bien es lo que suscita y promueve la vida, la fraternidad, la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto querer y hacer el bien del otro”. Si hubieran aplicado esto algunos servidores públicos, no sólo de palabra sino con hechos, qué distinta sería nuestra suerte. Una conclusión se impone grave, imperiosamente, necesitamos vivir hoy la fraternidad con las personas que tenemos cerca. En lo que toca a nuestra persona es difícil, se necesita determinación y perseverancia pero está a nuestro [email protected]