El regalo de la paz
¿Cuál es el regalo verdadero, el más rico que uno puede ofrecer para el año nuevo? Hay tantos deseos vanos, que son sólo palabras huecas, frases comerciales, desgastadas, que ya no significan nada. Palabras superficiales, que salen de los labios y no del corazón. Hay tantos regalos inútiles que no significan gran cosa y no sirven para nada, no haya uno donde ponerlos. ¿Qué podemos regalar que le agrade y le sirva al corazón del hombre que le traiga un gozo muy hondo? ¿Qué necesita los hombres en este mundo violento, empobrecido, injusto, ante el sufrimiento de los pobres y la falta de ilusiones, la devastación de los bosques y los campos abandonados, estériles, bajo el flagelo del cambio climático? ¿Por otro lado, es grave la situación del hombre que ha perdido los grandes valores religiosos y morales: sin fe en una vida mejor, sin ideales que los empujen a construir un mundo mejor, sin la generosidad y el heroísmo para amar y dar felicidad? En la revelación de los tesoros de la vida que hace el Maestro más grande de la historia está uno, no descubre el secreto de la Paz. La Paz es la ausencia de la violencia: no hay miedo en los caminos y los pueblos, se puede circular en la noche. Cesa la guerra fratricida entre los cárteles de la droga, se acaban los jaloneos y envidias entre los partidos, entre los grupos movidos por las ideologías de izquierda y de derecha, entre los anarquistas y el estado de derecho. Cesan las torturas y las muertes. Hay seguridad en las casas y los negocios porque no hay sobornos ni secuestros, ni pago de piso. Pero la Paz es mucho más que eso. La paz del alma la regala sólo Dios como reza la sabiduría popular. En la Biblia, este tesoro de la cultura occidental, La paz aparece como el conjunto y la plenitud de todos los bienes que hacen que el hombre realice su destino definitivo. La paz es un regalo que necesita un apoyo superior y un poder infinito. Se establece también que el dador de todos los bienes es Dios y la paz está en la alianza de amistad y de colaboración con él. A lo largo de los libros del Antiguo Testamento se viene anunciando de muchas maneras el regalo de la paz. Ya en el momento cumbre de la historia se anuncia la paz como una promesa realizada, un acontecimiento maravilloso, la paz a los pobres y a todos los hombres. Pero se establece también una verdad importante: la paz no se da como algo ya hecho, acabado, como un regalo envuelto en celofán. La paz es un regalo empezado y que hay que completar, es don y es tarea. La paz se da en la seguridad. Se necesita que nuestros gobernantes nos guíen para construir todos juntos una sociedad segura. Ellos deben poner las estructuras del gobierno y sus recursos humanos y materiales al servicio de la seguridad. Debemos crecer en democracia, no chuparnos el dedo esperando que papi gobierno nos soluciones todos los problemas y quejándonos y criticando cuando no hace su tarea. Debemos cumplir nuestro compromiso e impulsar al gobierno a que cumpla el suyo, creando los canales necesarios. La gran profecía proclama que la paz vendrá, más aún que ha venido ya. De los cuernos de chivo –afirma- harán desarmadores y martillos, se buscará el servicio y no el dinero, los hombres buscarán servir como los últimos y no el poder orgulloso. En lugar de secuestrar todos estudiarán, se capacitarán, se pondrán a trabajar con gran respeto por la persona, sin exigir el dinero fàcil. Los gobernantes dejarán el orgullo, la retórica inflada y vanidosa, facciosa; servirán humildemente, renunciando a los altos sueldo, suprimiendo los puestos caducos. Los profesores cambiarán la calle por las aulas, las manifestaciones por las horas de clase. Dejarán de correr tras sus intereses egoístas y sólo buscarán la educación integral, sistemática de los chicos. Los alumnos serán su tesoro, no las prestaciones y ventajas materiales. Las montañas destilarán abundancia, habrá productividad, los campos se llenarán de trigales, sorgos y ricos granos. Los montes no serán más devastados, se llenarán de pinos y maderas exóticas. No habrá más talamontes ni cambio de uso del suelo. El clima será suave y regular como antes. La paz la regala sólo Dios como una tarea. En la vida de la persona y de la familia, célula de la sociedad, tenemos el espacio y la autoridad, somos los principales constructores de la paz. Tenemos los instrumentos, la justicia y el amor. El mexicano, el latino es tan mentiroso, tramposos, injustos. La justicia empieza en la persona, sigue en la familia…. No sabemos amar, andamos con caricaturas nefastas del amor. Necesitamos amar superando la ceguera del egoísmo y buscando el bien del otro, olvidándonos de nosotros mismos para que el otro crezca y tenga paz. Hay que regalar paz, teniendo la esperanza, irradiando paz porque damos lo mejor de nosotros mismos. La paz es como una estrella bellísima, parece inaccesible. Requiere héroes y mártires para alcanzarla y derramar su claridad sobre los hombres.