El insoportable carro triunfal
Hay triunfadores en las pasadas elecciones que sueñan en la restauración del imperio de años pasados, del imperio contradictorio emanado de la Revolución y que duró muchas décadas. Ven trazada la calzada para la entronización del Faraón, creación de los reflectores de Televisa piensan algunos…La actitud triunfalista de quienes hicieron ganar a sus candidatos, sus aires de superioridad y de victoria ponen de manifiesto la inmadurez política de sus institutos. Sus gritos de euforia desmedida y de desdén por los vencidos desconciertan a los ciudadanos honestos y dan mucho qué pensar.Esa actitud ofende al ciudadano democrático, harto de sus miserias, retrazos y sufrimientos. Espera con ansia el tiempo cuando el pueblo sea el rey, los gobernantes atiendan verdaderamente sus problemas, en una democracia no sólo de votaciones, discursos, promesas.Hay que dejar atrás el infantilismo psicosocial y dejar de soñar. La familia mexicana y cada mexicano, como demócrata, no ha crecido. Hay que despertar, llegar al uso de razón y madurar como personas de ideales y de valores. Es super urgente ser adultos, capaces de entregar sus bienes y su vida para establecer la igualdad social, la justicia en un pueblo finalmente feliz, digno, entusiasta, esperanzado. Sí, hay hombres capaces de hacerlo, el caso del presidente municipal de La Piedad es admirable, emblemático, digno de ser imitado.Ya es tiempo de poner el Bien Común y la participación de todos y cada uno de los ciudadanos por encima de intereses particulares. Es tiempo de que el gobierno cese de gobernar para sí mismo y sin el pueblo. Urge la conversión de gobernantes y gobernantes que predica el Maestro, cambiar la mente, el corazón, la acción. La democracia se quedará enana sin hombres de ideales, valores morales y una vida íntegra.Gritar que ganó “su” partido revela lo que traen verdaderamente: les importa su grupo de personas, sus intereses, no el Estado de Michoacán, toda la ciudadanía y sus problemas urgentes. Debe ser al contrario, el bien común debe ocupar toda la escena, los bienes particulares deben borrarse.Si queremos salir delante de esta crisis interminable, penosa, imposible, de tanta corrupción y mentira, no bastan los oportunistas y aprovechados, que sueñan con la restauración de su imperio, se necesitan héroes y santos. Sí, políticos héroes y santos.Dios descubre los secretos de la convivencia humana y de un destino definitivo exitoso. Presidentes y gobernadores se ven en Cristo como en un espejo. El Mesías transforma los valores de los hombres, está entre sus seguidores como el último de todos, como el que sirve y da la vida por la multitud.En este momento de manera especial se necesitan las virtudes cardinales de la convivencia humana. Las tenemos, es una herencia preciosa, milenaria, de la cultura occidental cristiana, nos vienen del más grande de los maestros. Aquel sublime Mahatma Gandi admiraba a Cristo como a Dios, aunque le chocaba las actitudes de los cristianos.Es el desprendimiento de la riqueza, el poder, las ventajas materiales. Estas son el sebo con que el Maligno hace caer en sus redes a los mortales. Hay que controlar la concupiscencia, las bajas pasiones que se oponen a los bienes más altos y verdaderos del hombre. Hay que renunciar a bienes que pueden parecer legítimos, por el bien de todos. “El que quiera perder su vida la salvará”. Decía alguien.Es la humildad. Los grandes hombres son humildes, no se inflan ni se creen más que los demás.La soberbia, la prepotencia provocan indignación, rechazo en la ciudadanía. A los poderosos envuelven en una nube de humo que impide percibir la realidad y la dignidad de los pobres.Es el respeto y la caridad que se traducen en la actitud incluyente. Hay que ir mucho más lejos de la reconciliación a colaboración y solidaridad frente a los problemas comunes. Esos son el verdadero enemigo, no los adversarios de otros colores.También el pueblo debe crecer en su dignidad. En democracia el pueblo es rey, debe portarse muy noblemente, no se puede dejar engañar, embaucar, ser tratado como infante o retrasado mental. Es tiempo de ser consciente de la propia dignidad y defenderla ante la clase dirigente. No nos pueden tratar como comparsas del imperio restaurado, no podemos andar como niños en el espectáculo del poder, descuidando las terribles exigencias del momento histórico. Necesitamos ser maduros, responsables y ejercer el poder del pueblo con dignidad y responsabilidad histórica.En democracia, el pueblo es rey, elige servidores públicos y les exige que cumplan. Cada ciudadano es responsable de que la democracia [email protected]