Clarividencia del sentido común
¿Las personas que tienen el poder conservan el sentido común?Juan Pueblo percibe y valora a sus gobernantes y dirigentes. El sentido común lo hace sabio contra las visiones de políticos que maquillan la realidad y la arreglan según sus conveniencias y comunicadores que caen en el juego y lo siguen. Hay un modelo de gobernantes, aporte del cristianismo a la cultura universal, que ha humanizado a los hombres. Quienes tienen el tesoro de la fe de Jesucristo y escuchan la Palabra revelada, tienen una visión meridiana de esta realidad, tienen los ojos limpios para esos valores. Es un modelo divino que se encarna perfectamente en el personaje más grande de la historia, Jesús, el Hijo de Dios, Mesías. Es un personaje de una personalidad grande y sencilla al mismo tiempo, sorprendente y admirable. Retenemos algunos rasgos de la personalidad perfecta del Maestro: la humildad, el Maestro se despoja de toda pretensión de grandeza y de mando para servir a sus pobres discípulos de la baja sociedad. Esto le da una sencillez sublime y una dignidad admirable. El otro rasgo es el desprendimiento de los bienes materiales, lejos de los sueldazos y prestaciones, del enriquecimiento desenfrenado, irracional. No tenía una sábana ni una tumba para su muerte.Esto se explica por el tercer rasgo, el amor sublime, divino, el Maestro es amor, su vida es una hoguera de amor. Este lo lleva a valorar al pobre, persona humana, obra maestra de la creación, hijo de Dios, para entregarse por él y sacrificar su vida para rescatarlo de sus miserias. Estas cualidades van contra la corriente de un mundo soberbio, dizque brillante, que tiene como moral el pragmatismo y la conveniencia, contra sus aspiraciones y modas. La mayoría de los hombres parecen seguir esa corriente. Quien se atreva a señalar estos valores va contra corriente y no será comprendido por muchos, será menospreciado. Sin embargo en nuestra clase dirigente hay personas diferentes, de grandes virtudes. Señalamos algunas cualidades que han encantado a más de uno. Aguantan serenamente la andanada de críticas y calumnias que vienen de la oposición, más sistemáticas que objetivas, más ideologizadas que verdaderas.Se expresan con sencillez, no los ha contaminado la vanidad populista. Por lo mismo, no se contradicen ni dan bandazos. Su lenguaje es sencillo, honesto, que cautiva, no son grandilocuentes ni pretenden envolver al inocente. Su lenguaje no es convenenciero ni falaz porque son sinceros y no están aferrados a preservar su caudal político, por lo mismo lo dejan en segundo término y hasta pierden elecciones.Su lenguaje es conciliador, reconoce el triunfo de sus adversarios y piden colaboración para ellos. En forma civilizada y con actitud madura favorecen la continuidad en el avance del país. Nunca cayeron en polarizaciones y revanchismos. Buscan el auténtico bien de México aunque con eso no les traiga votos y aplausos, porque la gente no tiene la mirada limpia, crítica, sabia, no distingue el oro de las baratijas de fantasía. En un mundo de escándalo y brillo artificial, las virtudes pasan desapercibidas. Pero desde lejos se aprecia mejor la escena: la historia les hará justicia, los foros internacionales ya les dan reconocimientos y premios. Hay otros que siguen cometiendo pecados viejos de hace décadas. Así cuidan los intereses de su propio partido, cuando dicen México, ¿qué quieren decir?En su lenguaje, en el que se presentan como generosos, heroicos, puros, deseosos de servir a los demás, algo suena hueco, falso, el sentido común no se deja engañar. Juan Pueblo quisiera creer. No en vano por muchas décadas fuimos engañados por el mismo tono y el mismo bello discurso. “la burra no era arisca, los palos de sexenios la hicieron”, durante más de setenta años. Uno se pregunta si ellos creen en sus discursos o ya cayeron en su propio engaño.Muchos de ellos se presentan como algo maravilloso, que tiene la clave, la magia para crear el México que anhelamos. Tristemente esto es verdadero sólo en el lenguaje, en su realidad retórica como la realidad virtual de nuestros adolescentes. Se llenan la boca para decir: “por México”. Su lenguaje no hablado quiere decir: “por mí”, por mi partido. La historia nos ha enseñado a leer así.Su discurso parece triunfalista, inflado, sutilmente soberbio, lenguaje de vencedores que pretenden tener consideración por los vencidos.Es una falta de coherencia histórica: prometen solemnemente lo que pudieron hacer y no lo hicieron, como las reformas estructurales que no sacaron los legisladores. Los resultados del sexenio pasado son fruto del Ejecutivo y de la obstaculización de la oposición que fue, en muchos casos, contraposición y no colaboración, desde las cámaras. Se necesita conversión del corazón del presidente y de todos los servidores y representantes públicos, tarea difícil que, sólo es posible con el poder infinito de Dios. Quienes oran deben pedir por la conversión de ellos. Se necesita conversión en toda la gran familia mexicana, ir más allá de nuestro egoísmo para buscar el Bien Común. Así construiremos el progreso del querido México y su grandeza. [email protected]