¡Salven el planeta!
Los mensajes incontables de los aspirantes al poder y la gloria pueblan nuestros cielos. Los discursos ya no dicen nada, son como campana que retiñe. Juan García López, un militante partidista está totalmente desencantado. Canta una canción: “son palabras sin sentir sin nada que decir”. Comenta que sus compañeros piensan lo mismo. Está convencido de que los aspirantes al poder tienen otros intereses, ajenos. Afirma: los problemas que ventilan son una bandera para justificar la carrera al poder. Es populismo, se trata de tener a la gente de su parte. Tampoco les interesa resolver nada. Es un lenguaje surrealista como en Pedro Páramo. Su visión de las cosas les impide ir al fondo de los problemas y encontrar soluciones y encausar el país por el progreso hacia una vida más digna. Así un problema de vida o muerte, el de la naturaleza depredada apenas se menciona y sin seriedad, sólo por razones bastardas. El medio ambiente, nuestra casa grande tiene signos de muerte, se deforesta, hay deslaves, se calienta el planeta. El calentamiento global nos lleva a la sequía, las fuentes agotadas, los lagos convertidos en lodazales pútridos. La temporada de lluvias que se extendía de mayo a octubre se redujo ahora a julio y agosto y las cosechas se pierden y se extinguen muchos recursos indispensables para la vida humana. No se soporta el calor y el extremoso clima desértico gana inmensidades. La naturaleza se marchita y se acaba la hermosura de la vida, su deleite. El delicioso clima de Morelia, es una historia para las nuevas generaciones. Si las autoridades y los presuntos caudillos ignoran los problemas, no son los únicos. Un pueblo atenido, flojo y apático es igualmente responsable. Haciendo de la ignorancia su terreno abonado, se cultivan actitudes bajas, absurdas: indiferencia de los integrantes de la familia humana que habita nuestro bello estado, otro comparable a un paraíso, la ciudad y el campo. La nueva cultura forma persona de un egoísmo feroz, de un individualismo compacto. Se ocupan solo de sus pequeños negocios, no ven más allá de su nariz. Todo está centrado en su ego y sus deleites instintivos, sólo cuentan sus intereses, cuántas veces mezquinos.Su gran ocupación, negocio, entretenimiento es la diversión. Empujados por los medios de comunicación todo lo convierten en espectáculo. El mundo se haya convertido en un gran circo, un estadio, una feria de centros nocturnos, en plazas públicas. El problema, por contraste, trae a nuestra mente la figura de San Francisco de Asís, que celebramos el pasado 4 de octubre. Es el santo patrono de la ecología o de la creación natural. Su santidad es armonía admirable con la creación. Es conocida su admiración por la belleza de las criaturas de Dios, por su esplendor. Con amor de delicadeza se relaciona con las criaturas: el lobo, los pájaros, las estrellas, el agua. Es clásico su Cántico de la creación. Su alma de poeta y de místico es sensible al reflejo de la grandeza infinita de Dios en la gracia y hermosura de sus criaturas. El alma de francisco es fina debido a su sencillez, su desprendimiento de las riquezas de los comerciantes, como su padre, del dinero y sus ventajas para el placer corporal. El alma de Francisco de Asís es sublime, es un modelo a seguir. En nosotros, el amor a la naturaleza debe traducirse en su defensa: debemos parar la contaminación que ha hecho de Pátzcuaro y Cuitzeo un lodazal nauseabundo. Las aguas negras de Salvador Escalante infectan las aguas cristalinas de Zirahuén. Debemos batirnos contra la tala de los montes, contra los grandes intereses económicos y las complicidades de los servidores públicos. Hay tanto que purificar, restañar y curar. Ojalá no sea demasiado tarde. Necesitamos una sacudida que nos despierte y nos convierta en agentes que despierten a sus hermanos de su sueño suicida. Debemos hacer reaccionar a los hermanos que duermen en una bomba de tiempo. Cada quien debe asumir su tarea inmensa, urgente para salvar el planeta. Es prácticamente imposible que cambien las estructuras de destrucción, los hermanos parecen inamovibles en su egoísmo y apatía. El cambio es posible en nosotros. Tenemos el tremendo poder de asumir nuestra tarea para enderezar la suerte de la tierra. En ti sí mandas, comienza ahora [email protected]