Reforma Educativa y Política Sindical
El sector educativo ha constituido indubitablemente y por antonomasia el motor de movilidad social a través de la historia nacional. Sin embargo, hoy en día la maquinaria se ha herrumbrado debido a enormes falencias que se han acumulado durante décadas de olvido. Los resultados en evaluaciones estandarizadas como PISA, EXCALE o ENLACE, así como las cifras de rezago educativo y analfabetismo; el pírrico impacto de los programas de equipamiento, así como la enorme necesidad de construcción de infraestructura en comunidades marginadas; aunada a la escasa proporción del calendario escolar cumplido en escuelas que padecen el infortunio de ser rurales o de estar ubicadas en territorio bajo el control sindical evidencian lo anterior. Es por ende celebrable que el presidente Enrique Peña Nieto y su equipo dediquen una buena dosis de su capital político a realizar una reforma educativa que ha sido exigida los últimos años desde la sociedad civil. El reto no es menor, ya que la referencia más inmediata es la sucesión de intentos de modificar el destino educativo durante el sexenio anterior, en donde acuerdos inconfesables que constituyeron auténticos vicios de origen lastraron una alianza entre el SNTE y el Gobierno Federal (ACE), a merced de vaivenes propios de incontables batallas libradas en el terreno educativo en plena disputa por el poder. La actual iniciativa de reforma educativa, consistente en la modificación de los artículos 3° y 73° de nuestra Carta Magna, apunta a ser un intento mucho más serio. Por ejemplo, de aprobarse la creación de un Sistema de Profesionalización del Magisterio y de un Sistema Nacional de Evaluación Educativa, el Estado mexicano estaría arrancándole al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y a su beligerante expresión orgánica, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) el control de las plazas docentes. Esta reforma en el ámbito político es interpretable como un necesario ejercicio de poder para reafirmar la figura presidencial, porque el imperio sindical ya ha logrado anteriormente interpelar exitosamente al Ejecutivo Federal. Ante la firmeza de la medida gubernamental, al estilo boxístico, vino el abrazo de un SNTE cimbrado que simulando acuerdo intentó con ello disimular su tambaleo. La reforma, más que percibirse como un ataque frontal contra el poderío del SNTE y de su brazo armado, la CNTE, debe ser vista como la piedra de toque de la política pública educativa sexenal. Por ello, es imprescindible su adecuado consenso y operación en cada una de las entidades federativas. Se requiere formular el marco normativo con plena aceptación popular, ya que ante la inminente disidencia, se requerirá generar la base de confianza y comunicación con la sociedad mexicana para que se desmitifiquen las eternas banderas de la oposición sistemática y carente de propuesta. En caso de no lograrse consensuar tales medidas, es un hecho que habremos de escuchar en la calle las protestas de la CNTE, conciencia hablada del SNTE. Ante ello, es preciso atajar que la reforma educativa en absoluto constituye un “quinazo”, ya que se preservan incólumes las redes de poder del SNTE. Los líderes sindicales han preferido capitular y sacrifican algunas utilidades económicas a cambio de posicionamiento político. Es clara su intención de preservar el control del sindicato, porque con las concesiones que brindan al gobierno, evitan que se realice un ataque auténticamente frontal al sempiterno liderazgo, que implicaría seguirle la pista al dinero, cuyo rastro ha desperdigado ampliamente la medusa sindical. En relación al alcance de la reforma, en la mayoría de las entidades federativas tiene posibilidades de avanzar, salvo en Oaxaca y en Michoacán será de pronóstico reservado debido a la presencia mayoritaria de la CNTE. El alto objetivo de la recuperación de la rectoría de la educación mexicana será exigido a fondo, por lo que esperamos el ejercicio de la más alta política para lograr la tan necesaria transformación educativa nacional.Comentarios: [email protected] y Twitter: @Erik_Aviles