Rectoría Educativa
El presidente Enrique Peña Nieto ha asumido una consigna ciudadana: la de “recuperar la rectoría de la educación en México”, hecho que realizó en su momento en nuestro contexto estatal nuestro gobernador Fausto Vallejo. Debido a lo anterior, los michoacanos conviviremos por lo menos un lustro más con el citado compromiso. Sin embargo, vale la pena puntualizar, cuando se habla de la “rectoría de la educación” ¿de qué estamos hablando? Hasta el momento no se ha sentado mayor debate sobre su conceptualización o definición de indicadores al respecto, por lo que es importante reflexionar al respecto, ya que la elección de las palabras brinda un sentido que de no enfatizarse puede difuminarse.La referencia más importante en nuestro país a la palabra “rectoría” sin duda está impresa en nuestra Carta Magna, cuyo Artículo 25 señala que “corresponde al Estado la rectoría del desarrollo para garantizar que éste sea integral y sustentable”, misión alcanzable solamente mediante el progreso equitativo del sistema educativo nacional, por lo que la extrapolación hacia el ámbito educativo es lógica. Más aún, en indicadores internacionales como el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) aparece la variable educación en primer plano.Podemos definir a la rectoría educativa como la facultad y capacidad del Estado para dirigir la actividad de los recursos y actores involucrados en el sistema educativo hacia el logro de los objetivos y metas del desarrollo educativo, logrando hacer converger la suma de procesos educativos a través de instrumentos de política pública que incidan directamente por el ejercicio de sus facultades y atribuciones jurídicas ó indirectamente, mediante la capacidad organizativa, regulatoria y redistributiva del Estado para estimular el logro de las finalidades educativas en cada comunidad de aprendizaje.Por otra parte, partiendo de la etimología de rectoría, está relacionada con regir o gobernar configurando y garantizando el sendero recto por el que se debe de dirigir. En el ámbito educativo, ejercer la rectoría siempre implicará gobernar anteponiendo el derecho de todos aquellos en edad escolar en conjunto con quienes se encuentran en rezago educativo, así como brindando posibilidades de formación continua para todos los miembros de la comunidad rectorada.Rector también puede concebirse como “aquel que coloca la regla”, es decir, quien dispone del instrumento geométrico citado sobre el papel ó la obra en construcción para trazar una obra de arquitectura. Con esto, se infiere habilidad y destreza en el empleo de esta herramienta, lo que conlleva fuertes responsabilidades, ya que quien pone las reglas tanto tiene destreza en su determinación e implementación como la calidad moral para poder realizar tan trascendentes labores sin cuestionamientos personales inoportunos que pongan en tela de juicio sus acciones. La consecuencia de sumar todas estas cualidades, condiciones, destrezas, aptitudes y capital político y moral redundan en la eficacia y eficiencia de quien ejerce la rectoría. En suma, cuando se ejerce justa y legítimamente la rectoría, se genera virtuosamente gobernanza educativa, entendida como el desarrollo continuo del sistema educativo, en donde existe un sano y progresista equilibrio en el logro de las metas de todos los actores confluyentes en sus procesos respectivos.Cuando no existe la rectoría es lección vivida lo que ello implica: desaparece la autoridad, se difuminan los procesos, existe incertidumbre, desazón y apatía en la plantilla laboral, las redes laborales establecidas por organigrama, ya sea vertical ó funcional, al dejar de gravitar lo suficiente para prevalecer, comienzan a ser subordinadas hacia entramados políticos, sindicales, económicos, de corrupción, familiares, pasionales, religiosos, delincuenciales o una combinación de los anteriores, suscitándose fenómenos como los que hemos padecido durante más de dos décadas en la Secretaría de Educación en el Estado de Michoacán, como el paralelismo ó duplicación de claves laborales, los aviadores, a quienes disfrazar retóricamente como “comisionados” o “personal distraído de sus labores” no les restituye un ápice la dignidad ni tampoco a la autoridad le otorga el carácter de rectora, la cual año con año se ve envuelta en problemas de insolvencia debido a atávica entrega y saqueo de la SEE, al grado de dejarla prácticamente sin margen de maniobra. Por extensión se explica la problemática a nivel federal en la SEP, secretaría subordinada, parasitada e infiltrada por la medusa sindical.Además de la problemática oportunista que genera un rectorado débil, éste impide resolver cánceres como el analfabetismo, rezago educativo, deserción, reprobación, la falta de cobertura y de evaluación de los procesos educativos, lo que conlleva la pérdida del sentido último de la educación, medio y fin en sí misma para la evolución humana.Con todo lo dicho anteriormente, en el contexto de la reforma educativa emprendida por el presidente Peña Nieto, así como el de la iniciativa de ley estatal de educación y la consabida procedimental sinrazón por parte de medradores parasitarios del sistema educativo estatal ¿estamos en camino de recuperar la rectoría de la educación en México y en Michoacán? ¿Con qué indicadores se debe sustentar una plausible respuesta positiva a tal cuestionamiento y ¿qué problemática debería de desaparecer inmediatamente de recuperarse con consenso y firmeza el rectorado de la educación? Las respuestas habremos de construirlas sistémicamente, con digna proactividad ó doméstico y resignado asentimiento.Comentarios: [email protected] y Twitter: @HYPERLINK "http://www.twitter.com/erik_aviles"Erik_Aviles