Panóptico
Los liderazgos del PRD en Michoacán están actuando con una alta dosis de irresponsabilidad ante la difícil coyuntura por la que atraviesa el estado, producto de una década de gobiernos sol-aztequistas altamente ineficientes e incapaces en materia financiera y permisivos ante ciertos grupos sociales que, en más de una ocasión, convirtieron a gran parte de la sociedad en rehén de sus protestas y movilizaciones en aras de alcanzar sus intereses.Las cúpulas perredistas acusan a diestra y siniestra a la administración entrante que encabeza el priísta Fausto Vallejo Figueroa de exceso en el uso de la fuerza en el conflicto de las casas de estudiantes, de acusar injustamente a los gobiernos de Godoy Rangel y Cárdenas Batel por la precaria situación financiera en que se encuentra la entidad, de evidenciar -en suma- una peligrosa incapacidad para llevar las riendas del estado en menos de tres meses de gestión.¡Qué equivocados están los jefes de las tribus negri-amarillas con sus conclusiones fáciles, alejadas de la realidad y, sobre todo, autoexculpatorias de una cadena de abusos e incapacidades al abrigo del poder y que hoy están la vista de todos y padecen millones de michoacanos!De Víctor Báez Ceja para abajo se rasgan las vestiduras porque desde el interior del gobierno vallejista y una buena cifra de analistas políticos calificaron como “vandálicos“ algunos actos de los residentes de las casas de estudiantes hace una semana y media.En varios diccionarios busqué palabra o concepto para catalogar, por ejemplo, el incendio de vehículos secuestrados, patrimonio de todos los michoacanos.Mi breve investigación fue infructuosa. ¿Dónde abrevar para no remitirnos a un término que no le gusta a la izquierda michoacana, porque si uno lo utiliza es fascista o admirador de Gustavo Díaz Ordaz?Sobre la palabra “vándalo”, consigna lo siguiente el Diccionario de la Lengua Española Julio Cazares de la Real Academia Española: “Dícese del individuo de cierto pueblo de la Germania Antigua que invadió la España romana antigua y se señaló en todas sus partes por el furor con el que destruía los monumentos”.La segunda parte de esa definición, anota: “El que comete acciones o profesa doctrinas propias de gente inculta, brutal o cruel”.Harían bien los liderazgos perredistas en decirnos, más allá de sus exabruptos ideológicos, cómo califican entonces el comportamiento de algunos jóvenes estudiantes.Luego de ello deberían ilustrarnos o remitirnos a las partes jurídicas de las constituciones michoacana y de la república mexicana en las que se señale que no debe castigarse la destrucción del patrimonio público por el simple hecho de ser estudiante de escasos recursos.Una reflexión que no debe soslayarse en los tiempos tan aciagos que vive todo el país en materia de seguridad pública, es hasta qué punto la situación que hoy se encara es producto de la permisividad de todos los poderes públicos a acciones de sectores anti-instituciones, ya sea por connivencia o la fortaleza de algunos de ellos.Para el tema financiero, el perredismo no tiene defensa alguna. Hay una regla de oro en este rubro, tanto en la vida privada como pública.Si en el seno de una familia no se saben administrar los recursos obtenidos por los esfuerzos de los miembros, el grupo se divide o desaparece.Con esta clase elemental ningún argumento vale. Si el endeudamiento no es de 38 mil millones de pesos sino de 30 mil millones de pesos, entonces que Godoy Rangel y Cárdenas Batel expliquen a los michoacanos en qué, cómo y dónde se gastó ese recurso.Al menos que una padezca de cierta ceguera, en ningún grupo social por los que tanto dice luchar el perredismo se ven avances o mejoras en sus condiciones de vida.No son pocos los michoacanos que en su fuero interno saben que mucho del dinero que hoy se adeuda fue a parar al pago de un voluminoso ejército de empleados públicos cuya única virtud eran las filias políticas y no la capacidad y la vocación en el servicio público.Fidel Calderón y su tropa de pares legisladores del PRD en la LXXII Legislatura no darán atrás en sus intentos por politizar, enrarecer, entrampar un tema que exige simple y llanamente una operación de transparencia total que lleve a ubicar a los responsables.En suma, ante la difícil coyuntura que encara Michoacán, se necesitan más reflexiones, más propuestas, más arquitectos e ingenieros sociales, que zapadores juveniles o exfuncionarios resentidos por haber perdido un poder del que abusaron sin límite alguno en beneficio propio y de amigos ideológicos.