Perfiles
ZARPAZO A LA LEONA. Doña Elba Esther se había convertido en una “Leona” y se sentía indomable. Ese mal cálculo es solo una pequeña causa por la que fue enjaulada. Su poderío político fue superado por su ambición económica, otro mal cálculo de la maestra. Perdió el equilibrio no se sabe desde cuándo. Su fuerza se convirtió en su principal debilidad. Por la reacción inmediata del gremio sobre el que se encumbró, parece que le tenían más pavor que aprecio y respeto. Pocas y muy tímidas las voces que han salido en su defensa. No pocos imaginamos que de inmediato los liderazgos “elbistas” convocarían a paros, bloqueos y tomas de oficinas de gobierno. Doña Elba Esther había advertido esas medidas en protesta por los cambios a la Ley de Educación. Ni eso ni su detención hiso movilizar a los institucionales. En las escuelas el profesorado se muestra indiferente, si acaso se suman al comentario general por la sorpresiva acción del gobierno. Nada más. Si no hubo protestas de inmediato, no se cree puedan reaccionar después. Sobre la detención de la ex líder magisterial, las mayores opiniones se dividen en dos motivos: el primero es que el gobierno se está cobrando una afrenta política y en menor grado se acepta que el gobierno va con todo contra los corruptos. Esto último pone al gobierno de Enrique Peña Nieto bajo fuertes presiones tanto de políticos como de la sociedad entera: sí la causa de fondo es realmente la malversación de fondos, entonces el gobierno debe ir por más. Sí queda solo en el arresto de la profesora, Peña Nieto será un revanchista más. Un poco de historia: Carlos Salinas, se inició encerrando al entonces líder petrolero, Don Joaquín Hernández Galicia. En la campaña presidencial, este había declarado abiertamente en respaldo de Cuauhtémoc Cárdenas. Su arbitraria detención se conoce como “El Quinazo”. Días después el mismo Salinas destronó al entonces dirigente nacional del magisterio, Don Carlos Jongitud Barrios. Colocó en su lugar a Doña Elba Esther, y desde ahí se construye su emporio económico y político que le sirvió de piso para fundar su propio partido, el Panal, convirtiéndola en potencial enemigo del PRI y de sus gobiernos. ERNESTO ZEDILLO. Se inauguró encerrando al hermano de su antecesor. El pleito devino en una crisis nacional con efectos destrozos para el país. VICENTE FOX. Un mal torero que enfrió “la plaza” casi de inmediato. Parecía que no habría otro “quiñazo”, pero llegó con los mineros. Urrutia se puso al tú por tú con el poder reclamando le reconocieran su poder en el gremio. Fox titubeó y terminó diciendo no. La explosión en la mina Pasta de Conchos fue el pretexto de Fox y se propuso ponerlo tras las rejas. Gómez Urrutia no se dejó atrapar, pese a las tantas trampas que le tendió durante el resto de su gobierno y el caso lo dejó de herencia. FELIPE CALDERÓN. Le declaró la guerra a la delincuencia con la que nunca pudo. Pero retomó la afrenta contra el líder minero, ya auto- refugiado en Canadá, donde permanece. Le buscó más cargos, muy parecidos a los que hoy enfrenta la maestra gordillo, de los que hasta la fecha, Gómez Urrutia ha logrado sortear en todas las instancias judiciales. Resumen: cada presidente de la República ha encontrado un punto flaco contra “peces gordos”. ¿Quién sigue? Esa es la pregunta que tiene que responder y pronto el gobierno federal del “nuevo” PRI. Las baterías públicas apuntan al actual dirigente petrolero, Carlos Romero Deschamps. Ese mismo, al que pocos conocen pero de cuyas tranzas todo mundo habla. Pero es aliado del poder en turno, como lo fue de Fox, de Calderón y hoy de Peña Nieto. Pero la corrupción no solo está en los encumbrados y eternos dirigentes sindicales. Los hay y de sobra entre los políticos y funcionarios, entre la clase empresarial, entre los gobernadores, sus funcionarios y entre los alcaldes. Sí el gobierno tiene las herramientas para descubrir las millonarias tanzas de los representantes sindicales, se antoja más fácil y factible que puede actuar contra los funcionarios saqueadores de los recursos públicos. Eso puede ser la espada y la pared en la que aceptó ponerse el gobierno peñista. Seguro que la sociedad entera saldría a las calles a festejar un escarmiento a quienes son causa de quebrantos financieros en estados y no pocos municipios. Está claro que la mayor dificultad para llegar a este festejo es que los tranzas son políticos y entre políticos sucede lo que entre gitanos. A menos claro está, que se conviertan en “leones indomables”. HASTA LA VISTA