El pacto por México, la confabulación de los contrarios
Recuperar de la observación de lo cotidiano, las generalizaciones producto de la abstracción de otras realidades, nos permite una aplicación analógica en el contexto inmediato; de esta manera se afirma la certeza de que, buena parte de las actitudes trascienden las fronteras por el factor común a todas las sociedades: La condición humana.La presente colaboración tiene como referencia teórica las ideas de Pierre Bourdieu, extinto sociólogo francés de enorme influencia en el pensamiento contemporáneo; en relación a los campos, el capital y el habitus de los grupos humanos. Intentaré establecer el parangón del llamado Pacto por México, como elemento legitimador del poder y la puesta en práctica de la estrategia que ordena la disposición de los actores en la vía de lo posible, no de lo necesario; así cómo, destacar los picos que sobresalen a pesar del esfuerzos de homogenización de la visión de sociedad, en un país cuya realidad se resiste a desaparecer por decreto.Planteo la dificultad de los partícipes del acuerdo en boga, para en medio de las contradicciones naturales, esforzarse por no perder el perfil de sus posturas tradicionales, por no desdibujarse ante sus clientelas electorales y mantener la expectativa de la oferta política diferenciada y contrastante, tan necesaria para justificarse y apelar a su propia causa como razón de ser.Los aspectos formales del pacto por México se contienen en un documento presentando el 1º. De diciembre de 2012, primer día de la administración por el titular del Ejecutivo en México, suscrito por éste y los Presidentes de los tres principales partidos políticos nacionales, que se desarrolla sobre la base de cinco grandes acuerdos, que abarcan veintiocho rubros sobre diversos temas que a su vez se desagregan en noventa y cinco puntos específicos. Las acciones derivadas del pacto por México comprenden atribuciones de carácter administrativo, en cuanto facultades del Ejecutivo Federal, así como responsabilidades del Legislativo, por lo que, se supone necesaria entre ambos poderes una estrecha colaboración. También se prevén los acuerdos a nivel presupuestario para el año 2013, con el fin de apuntalar programas y proyectos que la actual administración federal considera prioritarios: Seguro de Vida para Jefas de Familia, pensión para adultos mayores de 65 años, fortalecimiento de los programas para la igualdad de género, infraestructura para la atención de los pueblos indígenas, personas con discapacidad, en educación escuelas dignas, de tiempo completo, lap tops y becas en escuelas de nivel medio superior y superior, incremento de recursos al CONACYT, creación del fondo del emprendedor y prevención del delito. Se establece como órganos de seguimiento para la instrumentación el pacto la figura del Consejo Rector, en donde están representados El ejecutivo y los tres principales Partidos Políticos, con el apoyo de una coordinación técnica. Se acompaña al documento principal un anexo que contiene un calendario que define que hacer y cuando se debe hacer. Se establece el compromiso de concretar reformas inmediatas en tres materias: a) Reforma Educativa, b) Telecomunicaciones y c) Deuda de los Estados.En su teoría de los campos, Bourdieu considera que todas las actividades humanas se desenvuelven en un espacio de juego, dentro del cual las personas actúan en pos de un interés, ese interés lo constituye la obtención de un capital, que puede ser económico, cultural o social. En las relaciones humanas que se dan dentro del campo, existe el conocimiento de las reglas del juego, en razón de éstas, los participantes a quienes denomina agentes, desarrollan una estrategia, se alían o luchan abiertamente para la obtención de ese capital. Cuando las relaciones en el campo están determinadas por reglas de poder, el capital es de carácter simbólico, porque permite a quien lo posee obtener prestigio, autoridad y legitimidad. En la inter acción de los agentes, vamos a encontrar una serie de prácticas acordes a la disposición para aplicar las reglas del juego, lo que a su vez genera nuevas prácticas. Si traspolamos las ideas anteriormente expuestas al hecho del llamado pacto por México, encontraremos todos los elementos que nos permiten afirmar la configuración de esa teoría en una realidad visible, que da lugar a una serie de interpretaciones no menos interesantes que el propio conjunto conceptual que los enmarca.Vale la pena significar en esta analogía del campo y el pacto, la importancia del papel de los medios de comunicación, desde distintos frentes noticiosos, de opinión y análisis, destacan fuertemente las circunstancias favorables para la materialización de los acuerdos contenidos en el pacto, como una “exigencia” de la sociedad mexicana. Frente a ola de optimismo desbordado, acudo a una frase anónima, que parafraseando al manifiesto del partido comunista reza: “Un fantasma recorre el país: El de la unanimidad”. De pronto pareciera que en México la historia se empezó a escribir con el inicio del sexenio, que son tan grandes y tan buenos los propósitos, que toda disidencia es absurda, que ya no hay hechos de violencia grave, que por fin encontramos la fórmula para que en unos cuantos meses se acabe con la pobreza, con el hambre, que al anuncio de los agentes del pacto, habrá de florecer el empleo y la industria, que los magnates detentadores de la riqueza se han vuelto generosos, que todos aplaudimos el rosario de declaraciones sobre cosas nunca antes dichas. Pareciera que el gran acuerdo se ha colado en todos los discursos, se ha vuelto razón de las nuevas actitudes, poco falta para que los poemas y las canciones en su honor, invadan las calles y las plazas, mientras el pueblo desfila satisfecho, con el espíritu rebosante de las nuevas esperanzas.Pero algo está sucediendo, la estridencia de los primeros meses empieza a ceder ante el silencio de la reflexión. México es una sociedad multicultural, compuesta por la suma de individuos, hombres y mujeres, que sin duda compartimos un territorio, un conjunto de creencias, características raciales, actitudes, un pasado común, con hechos y personajes relevantes, mismo idioma, concepciones religiosas mayoritariamente orientadas a una solo cosmogonía, entre otros factores determinantes de nuestra pretendida nacionalidad; pero ello no impide reconocer que en el contexto de esas coincidencias, hay algunos otros aspectos que nos encuadran de manera diferente entre los propios connacionales, ya por razón de condición socio económica, por ideología, por pertenencia política o por la preeminencia de intereses.La representación es un principio que no goza de cabal salud por la desconfianza enquistada en la génesis de nuestra nacionalidad. Campean en el país serias dudas sobre los mecanismos respecto de los cuales, todo tipo de sujetos son depositarios de la voluntad de todo tipo de ciudadanos y convierten en decisión a cargo nuestro, lo que es auténticamente su propia decisión.Esa diversidad, propició que al seno de los propios partidos políticos se levantaran voces inconformes con el pacto; unos con el reclamo de no haber sido tomados en cuenta para la construcción de los términos del acuerdo, otros por considerar la falta de representatividad de los dirigentes; unos más, en contra por el alineamiento al poder por parte de las fuerzas políticas contrarias; otros por la velocidad de la concreción en la firma del pacto y la velocidad de su instrumentación; cuestionamientos que por supuesto no carecen de bases.Es de todos sabido, que los dos últimos procesos electorales para acceder a la Presidencia de la República, estuvieron marcados, por una intensa competencia de los candidatos de los tres principales partidos, en la efectuada en el 2006, el país prácticamente se partió ideológicamente en dos bloques, debido a la estrategia de polarización, lo cual trajo como consecuencia un resultado muy cerrado en favor de Felipe Calderón, en contraparte, el desconocimiento de éste por parte de Andrés Manuel López Obrador, le restó credibilidad al que a la postre gobernó los siguientes seis años; por lo tuvo que partir de una decisión que puso en marcha desde el primer día para ganar legitimidad: Sacar el ejército a las calles y lanzar a los cuerpos de seguridad en una lucha frontal contra la delincuencia, cuyo saldo aún no termina de contabilizarse ni de ponerse en balance.En la elección del 2012, asistimos al regreso del PRI, producto de una estrategia que se fue construyendo sobre la base del olvido y la imagen de lo nuevo; centrada en la capacidad para aceptar la nueva condición de bloque conciliador, mediador de las partes en disputa y la proyección de un perfil atractivo, con un aparato que sabe negociar con los poderes fácticos más oscuros a cambio de estabilidad. Dicha estrategia aunque fue efectiva, no resultó suficiente; nuevamente se expresan las diferencias sobre el tipo de país que nos conviene, otra vez se movilizan personas y grupos en defensa de sus intereses, unos por el cambio, otros por el statu quo, acusaciones cruzadas por la injerencia de factores ajenos al proceso, así como la intermediación financiera de recursos de dudoso origen. Aunque ya no fue de las mismas proporciones el conflicto post electoral, se requería de una medida para superarlo, así retornó el pacto como instrumento de legitimación.Para quienes nos formamos en el rigorismo de las concepciones jurídicas, asumimos como necesario el sometimiento de la política por el derecho; convencidos que el principio de legalidad es una solución anticipada del deber de la autoridad, en orden de lo cual, solo puede hacer aquello que le está expresamente conferido, de manera que el espacio de lo público está claramente definido y los poderes del Estado, no tendrían por qué sujetarse a arreglos distintos de los que la propia ley les tiene previstos, por eso en principio los acuerdos entre las autoridades nos parecen una simulación. Sin embargo, en el campo del ejercicio del poder, ya no solamente en el del ejercicio de las atribuciones, colocar a los actores políticos, dirigentes de partidos, coordinadores de grupos parlamentarios, en un plano de coincidencias, cuando en los momentos de la competencia política se muestran irreconciliables, antagónicos y en franca confrontación, pareciera en apariencia ser un gran logro; máxime si la estrategia va arropada con una cobertura de los medios de comunicación, los cuales lo difunden como un gran triunfo de quien lleva el timón del Gobierno en el País.Es conveniente señalar sin embargo, que dicho esfuerzo parte de premisas básicas: Una de ellas es que quienes intervienen en el acuerdo son personajes que conocen la realidad del país, que han ocupado distintas responsabilidades de gobierno y de representación popular, con múltiples contactos en todos los sectores y las esferas sociales, por lo que se puede decir sin temor a equivocarnos, que no fallan en el diagnóstico del conjunto de problemas que están presentes en nuestra realidad nacional.Otra de las premisas que vale la pena tener presente, es la de que cada uno de los signantes, se asumen representativos de ciertos estratos económicos, políticos y sociales, con cuyos personeros guardan una vinculación basada en antecedentes de compromisos recíprocos, como portadores de un discurso que reparte promesas o distribuye beneficios.Respecto de la primera de las premisas, sostengo que la misma posibilita enunciar en similares términos la proposición que describe una realidad determinada, así como la solución posible. Respecto de la segunda, pareciera que cada uno le habla al mismo tipo de persona inserta en un grupo social específico, que se supone demandante de una respuesta a necesidades insatisfechas.En virtud de las premisas y sus consecuencias lógicas, es posible encontrar la justificación a la tan reiterada explicación de que, todos esos agentes representativos de expresiones ideológicas diferenciadas, convergen en la mayor parte de los compromisos establecidos en el pacto; es decir, hay efectivamente en la forma una fuerte coincidencia. Sin embargo el conjunto de problemas que derivan del acuerdo, no se resuelven con la sola expresión de qué se debe de hacer, para superar el rezago en los diferentes rubros y avanzar en el desarrollo del país; lo que le sigue es, el cómo se va a hacer realidad lo propuesto, es ahí donde surgen las aristas que rozan las posiciones de cada uno de los intereses en juego. La instrumentación de los propósitos entran en una ruta que rehabilita y da fuerza a los opositores de origen y de nuevo las voces se alzan desde la marginalidad, apenas audibles en contra de esa forma de meter en un mismo carril a los otrora adversarios en contienda.En resumen a modo de conclusión, es posible decir que el pacto por México es un instrumento que ayuda al titular del Ejecutivo Federal a recuperar prestigio, autoridad y legitimidad, ante la serie de cuestionamientos que surgieron durante el proceso electoral, principalmente por la intermediación de recursos financieros de dudoso origen, como una manera de diferenciarse del inicio del sexenio de su antecesor.Los agentes en el campo de la política, se saben contrarios, pero abdican momentáneamente de sus diferencias para proclamar las coincidencias, como un mensaje generador de tranquilidad y confianza, para en los sucesivos procesos electorales pretender con mayores argumentos las preferencias ciudadanas.Para el logro de los propósitos subyacentes, quienes participan en el pacto ponen en juego sus recursos ideológicos y discursivos tradicionalmente ofertados a la sociedad, con el fin de incrementar su capital simbólico y de esa manera construirse mayores posibilidades para la obtención del poder.El encuentro de los diferentes, no sería posible si en la plataforma de la que parten los propósitos comunes, como en su desarrollo y punto de llegada, no hubiera el incentivo que estimule la participación de los agentes, de acuerdo a las reglas no escritas en las relaciones de poder. Las modificaciones planteadas en el acuerdo político, enfrentan las resistencias de quienes no participan en las reglas del juego y ven en la coyuntura, la oportunidad de confrontar al resto de los jugadores en el mismo campo, para atraer la simpatía de los inconformes y beneficiarse en sus aspiraciones de incrementar también su capital simbólico.Por último, no hay realidad social que se modifique sin la acción humana sobre las condiciones del entorno. La enunciación de los propósitos, su traducción en disposiciones normativas, la perpetuación de prácticas asistencialistas, carecerán de significado, si no van acompañadas de la vivencia y el compromiso real de la mayoría, por no decir todos y cada uno de los habitantes de este país, de procurarse a sí mismos mejores condiciones de vida, para lo cual en su nivel cada uno debemos ser jugadores de nuestro propio campo, con plena conciencia de los límites de nuestro capital y de la aspiración de lo que podemos alcanzar, respetando las reglas del juego, de tal forma que la confrontación natural no nos lleve al exterminio del adversario, cosa que en política como en la vida, es inaceptable . Morelia, Michoacán. Febrero de 2013.