El dilema de la izquierda en la coyuntura
Ante la inminente conclusión de un periodo de gobierno y el inicio de un sexenio que amenaza con restauración del viejo régimen, la izquierda tiene el ineludible deber de pugnar para que no se borre de la memoria colectiva, el registro de los hechos relevantes que obstaculizan el arribo de una opción comprometida con las transformaciones de fondo en nuestro país.La colusión de intereses de los propietarios de las grandes empresas con actores políticos proclives a la derecha, se ha tornado en un complejo entramado de relaciones de complicidad, impunidad y corrupción; parapetados en el discurso de promesas y razones para mantener a la población distraída, desinformada, sin plena consciencia de sus derechos. A ello obedece el éxito de las prácticas de mercado para vender una imagen en lugar de una propuesta, de compra directa y el reparto de dádivas para la coptación del voto.Es claro que el próximo titular del Ejecutivo Federal, es la punta del iceberg de una estrategia que ha sabido renovarse, para mantener a los factores reales del poder, sexenio tras sexenio con sus intereses a salvo; intereses que responden a un modelo político económico que se ha enseñoreado del mundo. México no escapa de las apetencias de los promotores del neoliberalismo, para preservarlo a costa de lo que sea, modelo que sobre la tumba de las víctimas y el hambre de los pueblos, pretende seguir depredando los recursos sin importarles los altos índices de miseria, ni la frustración, ni la desesperación de millones de personas.No se debe simplemente dar vuelta a la página y pretender avanzar como si nada hubiera ocurrido. La aspiración de establecer un estado de bienestar, en el que la actuación del poder esté animada por los principios de justicia, de respeto a los valores de la convivencia democrática, que incentive la creatividad y permita el desarrollo pleno de sus ciudadanos, se traduce en una lucha y en una tarea permanente.La izquierda no debe cejar en su pretensión de impulsar la agenda de los cambios con sentido social, lo cual pasa por la necesidad de mantenerse unida, cohesionada y hermanada con los movimientos sociales, con los partidos de tradición progresista y con las nuevas formaciones políticas que desde su trinchera sin duda, seguirán abonando a la construcción democrática de la patria.Considero tambien, que se debe explorar con toda madurez y responsabilidad, los caminos que la conduzcan al encuentro con los ciudadanos para la formación mayorías en la sociedad, que faciliten su crecimiento político electoral, con el objeto de hacer realidad principios y plataforma programática en favor de la gente.Es necesario se desprenda del lastre de las contradicciones internas. Un sector muy importante de la sociedad tiene una natural simpatía por los movimientos que impulsan de manera prioritaria la universalizacion de los derechos, la implementación de politicas públicas que atiendan a la educacion, a la salud, a la generación de empleos dignos y bien remunerados, a la igualdad y a la justicia social entre otros temas. Dichos propósitos deben anteponerse a cualquier pugna intrapartidaria, por lo que sin renuncia a la pluralidad de enfoques ideológicos las diferentes fuerzas debieran consensar posiciones y unificarse en la acción.Ante el arranque de una nueva administración, sin duda que no es sencillo establecer el tipo de relación que se ha de tener con el nuevo gobierno. En un sistema presidencialista como el nuestro, el que gana toma todo y decide todo, no hay mecanismos suficientemente claros para compartir con las opciones diversas, representativas de los sectores de la sociedad, la responsabilidad de gobernar, que no sea a través de acuerdos políticos que van acompañados de suspicacia, lo cual explica la toma de distancia, la apuesta por la marginalidad política y la polarizacion como metodo para el sostenimiento de la clientela electoral.También cabe plantearse la posibilidad de una relación abierta que exija un trato digno, sin ocultamiento que de pie a la sospecha y que ponga por delante el respeto a los principios. El ejercicio de planes, programas y acciones de gobierno, deben de dejar de ser patrimonio de los partidos y de los grupos en el poder para pasar a ser cada vez mas de la sociedad. Ante la ausencia de gobiernos de coalición, es menester encontrar canales que materialicen la justicia distributiva al seno de la sociedad, sin tener que recurrir a la confrontacion; pero lo más importante estriba en el hecho de que, hoy más que nunca, es necesario apuntalar con el concurso de la visión de izquierda los grandes pendientes de la gobernanza, la extrema pobreza de millones de mexicanos, el grave rezago educativo, los lamentabilísimos saldos de la inseguridad, entre otros aspectos; lo cual pasa por definir una agenda politica a desarrollar en pro del interés del país, implementar las reformas necesarias sin comprometer la riqueza nacional, sin exclusiones, sin entreguismo, con firmeza en la crítica y con la determinación para proponer soluciones.La disyuntiva no es nueva, ni fácil de resolver. Usted que opina.